Francisco Sanfuentes, “El Demorarse de las cosas en desaparecer”, noviembre 2002

alambre galvanizado y tinta tipográfica sobre 14 planchas de zinc en primera fase de oxidación

Texto por Sergio Rojas C.

Está dispuesto en la galería lo que queda cuando todo se ha marchado o cuando todo se está marchando en cada segundo, sin asistir a su plenitud. Los objetos de Sanfuentes proponen el problema de su imposible inauguración, pero también el de su imposible clausura. El tiempo de la obra nos excede, pues ésta existe en el transcurrir que va desde un “antes” inasistible hacia un después del cual no tendremos noticia (arbitrariedad del concepto de obra como un corte practicado “desde afuera”). La existencia quiere articularse entre un “después de” y un “antes de”; re-quiere, pues, articularse en el apaciguamiento de los entre-tiempos, donde nada ocurre.
¿Será necesario decirlo?: no se trata de los desechos acumulados del pasado ni de la vastedad desolada que ofrece el interior de una industria abandonada (la nostalgia -el dolor del retorno- como ideología autocomplaciente de una sensibilidad en tránsito que añora el retorno) sino de lo grande que ocurre entre las cosas en ese tiempo otro en que nosotros no estamos.
El tiempo “no pasa en vano”. Cierto. Pero el óxido se da algo así como el paso “sin pena de gloria” del tiempo. El óxido opera entonces como una metáfora del tiempo: el tiempo que nos lleva a saber del tiempo.
El óxido es también la épica silenciosa de los objetos, no una gran historia, sino la historia (cuyo relato es imposible) de resistir la historia. Los objetos se demoran en desaparecer. No se trata de que resistan inútilmente el tiempo que comparten con las habitualidades humanas (para luego, como material ideológicamente no reciclable, amontonarse al fondo del patio), sino que exhiben la huella del tiempo de algo que no es humano. El óxido es precisamente esa relación de igual a igual con el tiempo; desprotegidos, pues no cuentan una historia, no existen al abrigo de los mitos.
Así también, Sanfuentes dispone los objetos como proviniendo de un lugar otro que no es el taller (pues lo que pasó sigue pasando; lo que ocurrió no terminará de ocurrir). Un acontecimiento general en “cámara lenta”: el enigma de la oxidación que se impone a pesar de cualquier intento por auxiliar los materiales. ¿Quién podría contar las milésimas de los segundos de los minutos de los días de los años de los siglos de los milenios…?
Los objetos yacen el la galería como si no hubiesen sido. Los materiales son encontrados como los restos de historias otras. Antes de ingresarlos en cualquier proceso, el agente del objeto de arte ya había sido revelado por otro o por lo otro. (…) Las huellas de lo otro sobre la lámina dan testimonio de lo que ocurre cuando nada ocurre.