Mario Soro ,”Estratigrafías”, septiembre 2002

collage, objetos, proyección de diapositivas, intervención anamórfica sobre muros

Texto por Adolfo Vera

En la obra de Soro los instrumentos técnicos, propios a una cultura fundada en el cálculo y la medida aparecen, como en los ready-mades duchampianos. sacados de contexto, extraídos de su habitual canon de circulación. Al mismo tiempo, se nos revelan como una suerte de fósiles, objetos de una sociedad ya muerta ante la cual solo cabo la curiosidad del investigador: al parecer, y esto es materia de una discusión en curso, la utilidad que ellos buscaban satisfacer pertenece a una época – la moderna- en vías de disolución. No obstante presencia sigue hablándonos de poder y dominacion: ordenamiento de las discontinuidades a través del cálculo preciso de las distancias, regulación de los cuerpos por su clasificación, predeterminada del viaje por medio de la cartografia de lo desconocido, puesta en curso de lo aberrante gracias a un sometimiento en una escala precodificada. La tiza con que el profesor ejercía en las antiguas pizarras esta función socializante, es recuporada por Soro con el fin de cuestionarla gracias a la exposición de su evidente fragilidad, Tal función social, determinada por el poder y compartida por agentes tales como el profesor, el científico y el policía, se ejerce ante todo, como lo advirtió Foucault, en los cuerpos de los sujetos sociales, fragmentándolos y disolviéndolos. Hay todo un lema que aparece una y otra vez en la producción de Soro: la fragmentación da los cuerpos, producida por la lógica de la medida y el cálculo La investigación de los modelos de codificación del territorio —corporal y geográfico- apuntan, tal vez, a una posible salida más allá de la medida. Sus Soportes- pizarras, que cuestionan al cuadro y al marco como soporte clásico de la obra gráfica, metaforizan, más apegados al gesto irónico que al nostálgico, la mutilación que el cálculo, expresado gradas a la tiza —símbolo de una enseñanza tradicional inflinge sobre la libertad de los cuerpos; de ahí esos brazos de maniquíes que emergen como imágenes ortopédicas. Por otra parto, su obsesión por los mapas y los moldes de corte y confección, refieren su cuestionamiento del gesto excesivamente delimitador, que en la plástica lo ejerce el dibujo.
Lo maquinal —la reproducción técnica teorizada por Benjamin, y que es la base del grabado y la fotografía preocupa a Soro porque su análisis le asegura que ahí está una de las respuestas a la pregunta acerca de quiénes somos, en cuanto sociedad e individuos. El cuerpo mismo es entendido, por nosotros los modernos, como una máquina —no olvidar el “Gran Vidrio” de Duchamp- cuyo placer esta dado por los flujos y reflujos de sus “aparatos”. Se trata, pues, de cuestionar plásticamente tales asuntos con el propósito de comprender una época —en la cual el arte es otro estamento más en la división del trabajo- que, según algunos, da por estos días sus últimos suspiros.